"Gates y Slim, Slim y Gates.
Con 59 mil millones de dólares en su haber, nuestro compatriota Carlos
Slim es ya el hombre más rico de la tierra y en tanto no se descubra vida en otros planetas, es el más rico del universo. Pero esta es solo una de las caras de la moneda. La otra es que en su país hay 59 millones de pobres, es decir, por cada mil dólares que tiene Carlos Slim, hay un pobre que no cubre sus necesidades básicas.
Se veía venir, era solo cuestión de tiempo, era de pronóstico. Tarde o temprano Slim superaría a Bill Gates, a Warren Buffet, a los jeques árabes y a las familias europeas de mayor abolengo. Y al ritmo que va, en unos años los va a superar juntos.
Los mexicanos, que somos muy dados al análisis superficial, comparamos a Slim con Bill Gates, sin embargo, el único parecido entre ambos es el tamaño de su fortuna. Slim tiene 59 mil millones de dólares, Gates 58 mil. Pero fuera de eso...
Bill Gates cambió al mundo, Carlos Slim no.
Bill Gates y su empresa Microsoft tienen registrados miles de patentes, las empresas de Slim ninguno.
Gracias a Bill Gates han florecido cientos de industrias y millones de negocios en todo el mundo, Slim por el contrario, ha provocado una mortandad de empresas como pocos.
Bill Gates ha hecho historia y es un personaje conocido y respetado en todo el mundo, Slim no es capaz ni de ganar el respeto de sus compatriotas, que lejos de congratularnos de su éxito, lo sufrimos en cartera propia.
Bill Gates hizo su fortuna contra viento y marea, compitiendo en el país más competitivo del mundo, luchando contra poderosas empresas y políticos, que vieron en Microsoft un enemigo a vencer. Slim hizo su fortuna al amparo del gobierno mexicano, de jugosos contratos con la
administración pública y al amparo de títulos de concesión que le otorgaron poderes monopólicos sobre el mercado mexicano.
Bill Gates es hijo de la competencia y padre de la globalización, Carlos Slim de los monopolios y la cerrazón y las ganancias extraordinarias que obtiene en México las invierte en conquistar otros
mercados.
Bill Gates encarna el sueño americano, un desertor de la universidad que comenzó su negocio en un garaje y gracias a su habilidad, buena estrategia y por qué no, uno que otro golpe de suerte, se catapultó a alturas insospechadas. Carlos Slim, por el contrario, encarna el sueño mexicano, tener amistades en la política, contactos a los más altos niveles, derecho de picaporte en donde se otorgan los jugosos negocios y todo bajo un manto de sospechas.
Con 59 mil millones de dólares en su haber, nuestro compatriota Carlos
Slim es ya el hombre más rico de la tierra y en tanto no se descubra vida en otros planetas, es el más rico del universo. Pero esta es solo una de las caras de la moneda. La otra es que en su país hay 59 millones de pobres, es decir, por cada mil dólares que tiene Carlos Slim, hay un pobre que no cubre sus necesidades básicas.
Se veía venir, era solo cuestión de tiempo, era de pronóstico. Tarde o temprano Slim superaría a Bill Gates, a Warren Buffet, a los jeques árabes y a las familias europeas de mayor abolengo. Y al ritmo que va, en unos años los va a superar juntos.
Los mexicanos, que somos muy dados al análisis superficial, comparamos a Slim con Bill Gates, sin embargo, el único parecido entre ambos es el tamaño de su fortuna. Slim tiene 59 mil millones de dólares, Gates 58 mil. Pero fuera de eso...
Bill Gates cambió al mundo, Carlos Slim no.
Bill Gates y su empresa Microsoft tienen registrados miles de patentes, las empresas de Slim ninguno.
Gracias a Bill Gates han florecido cientos de industrias y millones de negocios en todo el mundo, Slim por el contrario, ha provocado una mortandad de empresas como pocos.
Bill Gates ha hecho historia y es un personaje conocido y respetado en todo el mundo, Slim no es capaz ni de ganar el respeto de sus compatriotas, que lejos de congratularnos de su éxito, lo sufrimos en cartera propia.
Bill Gates hizo su fortuna contra viento y marea, compitiendo en el país más competitivo del mundo, luchando contra poderosas empresas y políticos, que vieron en Microsoft un enemigo a vencer. Slim hizo su fortuna al amparo del gobierno mexicano, de jugosos contratos con la
administración pública y al amparo de títulos de concesión que le otorgaron poderes monopólicos sobre el mercado mexicano.
Bill Gates es hijo de la competencia y padre de la globalización, Carlos Slim de los monopolios y la cerrazón y las ganancias extraordinarias que obtiene en México las invierte en conquistar otros
mercados.
Bill Gates encarna el sueño americano, un desertor de la universidad que comenzó su negocio en un garaje y gracias a su habilidad, buena estrategia y por qué no, uno que otro golpe de suerte, se catapultó a alturas insospechadas. Carlos Slim, por el contrario, encarna el sueño mexicano, tener amistades en la política, contactos a los más altos niveles, derecho de picaporte en donde se otorgan los jugosos negocios y todo bajo un manto de sospechas.
Desde que Bill Gates comenzó su carrera ascendente, los Estados Unidos hicieron lo propio. Hoy se puede decir, sin temor a equivocarse que lo que es bueno para Bill Gates y Microsoft, es bueno para los Estados Unidos.
Desde que Bill Gates comenzó con su empresa y a acumular su fortuna, los Estados Unidos han gozado de la mayor racha de expansión económica de su historia. Prosperidad, progreso, tecnología.
Con Slim pasa al revés; desde que comenzó a acumular su fortuna, México no ha visto una. Devaluaciones, depresión económica, concentración del ingreso, atraso, descapitalización.
El destino de Gates y el de Estados Unidos son directamente proporcionales, el de Slim y México, inversamente.
Mientras mejor le va a Slim, peor nos va a los mexicanos, con Gates y los norteamericanos no pasa eso.
Microsoft es la empresa más respetada en los Estados Unidos, es el icono del desarrollo empresarial, la empresa más codiciada para trabajar.
Telmex es la empresa más odiada de México, la que rompe todos los records en quejas ante la procuraduría del consumidor, que también trabaja para Carlos Slim.
Carlos Slim tiene una fortuna equivalente al 7% del PIB de México. Gates tendría que tener 500 mil millones de dólares, diez veces lo que tiene actualmente, para concentrar tanto ingreso de los Estados Unidos como lo hace Slim de México.
Finalmente, Gates ya anunció que salvo una cantidad justa, que le de a su hija una comodidad para su futuro, piensa donar todo su dinero a instituciones de beneficencia. Slim va a dejar primero bien forrados a sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y tantas generaciones de
Slim como se pueda y si algo le sobra, lo dará a beneficencia.
Ni Gates ni Slim tienen la culpa del devenir de sus fortunas y sus vidas.
Ambos jugaron sus sistemas con maestría. Gates el sistema de libre competencia y transparencia, Slim el de corrupción y concentración de poder y riqueza.
La hazaña de Bill Gates quizá no la hubiese podido replicar nadie, en cambio, con un monopolio como Telmex, cualquiera hubiese podido hacer lo que hizo Slim.
Y por ello, la conclusión lógica de este análisis es que si Gates hubiese nacido en México, nunca hubiese logrado lo que hizo en Estados Unidos. Alguien lo hubiese zancadilleado, obstaculizado, el SAT, el IMSS, INFONAVIT, algún otro empresario prepotente, los ladrones, el contrabando, la piratería, etc. Si Gates hubiese nacido en México, nunca hubiese hecho Microsoft ni cambiado al mundo.
Pero viceversa también es cierto, si Slim hubiese nacido en los Estados Unidos, sería un empresario más y chance ni eso, un empleadillo bancario, retirado y manejando su casa rodante por todo Estados Unidos.
Pero el hubiera no existe, la única realidad es que más allá de análisis superficiales, en lo único que se parecen Bill Gates y Carlos Slim es que ambos son los hijos pródigos de los sistemas que los encumbraron. "


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