Aunque no lo crean, parece que Microsoft está aprendiendo a diseñar hardware. Usar la segunda generación del reproductor de música/fotos/video Zune, de Microsoft, es un placer. Arregla una larga lista de problemas que convirtieron al Zune original en un imitador patético. Lo mejor es
que el Zune está empezando a desarrollar su propia identidad. Los ecos de directivos de Microsoft diciendo “será igualito que el iPod, pero nuestro” no se oyen ya tan fuertes. La familia incluye tres nuevos modelos. Primero, hay un Zune con disco duro de 80 gigabytes (250 dólares) cuyo tamaño, diseño, forma y precio pretenden competir con el iPod Classic de 80 gigas. Además, están los modelos con memoria fl ash, que recuerdan al iPod Nano del año pasado: bloques delgados y altos que guardan 4 u 8 gigabytes de música, fotos y videos (por 150 y
200 dólares, igual que el Nano). El Zune original de 30 gigas sigue disponible, por 200 dólares. (No hay equivalentes Zune del pequeño iPod Shuffl e, el iPod Touch con su conectividad
inalámbrica o el espacioso iPod Classic de 160 gigas). Entre lo destacable está el nuevo
control. Puedes navegar el claro y animado software del Zune oprimiendo cualquiera de los cuatro puntos cardinales del control; seleccionar algo oprimiendo el centro, y —esto es lo interesante— recorrer listas con sólo frotar la cara del control. Los fabricantes de reproductores
llevan años tratando de inventar un control tan bueno como el del iPod; con el Zune 2.0, Microsoft por fi n lo ha logrado. La calidad de sonido es muy buena, especialmente si usas los audífonos incluidos con el Zune de 80 gigas. No son discos duros como los del iPod y los Zunes más pequeños; son bulbos de hule suave que se sujetan cómodamente en tus oídos, aislándote del mundo exterior. Al igual que con el anterior Zune, puedes enviar canciones de manera
inalámbrica a los Zunes de tus amigos. Pero las canciones transmitidas ya no se autodestruyen después de “tres días o tres tocadas”; el límite de tiempo ha sido eliminado. Tienes todo el tiempo que quieras para escucharlas tres veces. Además, Microsoft al fi n ha empezado a explotar su transmisor inalámbrico de maneras más útiles. El Zune no puede navegar por internet como el iPod Touch. Pero ahora puede sincronizar su música y fotos (aunque no videos) con los que tienes en tu PC con Windows, usando tu red inalámbrica casera. La sincronización automática puede no parecer gran cosa. Conectar un cable USB, el modo tradicional de sincronizar un reproductor, no es particularmente difícil. Lo genial es que puedes hacerlo
automático. Llegas a casa, pones el reproductor en su cargador y listo, la cosa de sincroniza a la vez que se recarga. La próxima vez que tomes tu Zune, estará recargado y lleno con tu música y podcasts más nuevos. Pero Microsoft no ha tenido tanto tiempo como Apple para crear una cultura de accesorios y otras cosas. Así que su reproductor, su software y su tienda de música no son rivales para los de Apple. Estas son algunas de las capacidades del iPod que el Zune no tiene: Juegos, reloj despertador, cronómetro, reloj mundial, ecualizador gráfico, libreta de notas, autosincronización de la agenda y directorio con los de la computadora, y el “Modo Disco”, que permite usar al iPod como un disco duro externo. Si usas las capacidades inalámbricas
del Zune, también tendrás menor vida de batería: 19 horas de reproducción en el Zune de 80 gigas contra 30 en el iPod equivalente. Y por encima de todo, te perderás del bazar de accesorios para iPod: Más de 3 mil estuches, bocinas, adaptadores para carro y similares, contra sólo un puñado para el Zune. A fi n de cuentas, el iPod sigue siendo una máquina más versátil, compacta y hermosa. Pero el Zune ha avanzado mucho en muy poco tiempo. Su audiencia potencial ya no se limita a quienes odian irracionalmente a Apple. Ahora es un candidato para cualquiera que valore sus capacidades únicas —excelente radio FM integrado, gabinete a prueba de raspones y sincronización automática inalámbrica— más de lo que valoran la riqueza y rango de elección del universo iPod.
que el Zune está empezando a desarrollar su propia identidad. Los ecos de directivos de Microsoft diciendo “será igualito que el iPod, pero nuestro” no se oyen ya tan fuertes. La familia incluye tres nuevos modelos. Primero, hay un Zune con disco duro de 80 gigabytes (250 dólares) cuyo tamaño, diseño, forma y precio pretenden competir con el iPod Classic de 80 gigas. Además, están los modelos con memoria fl ash, que recuerdan al iPod Nano del año pasado: bloques delgados y altos que guardan 4 u 8 gigabytes de música, fotos y videos (por 150 y
200 dólares, igual que el Nano). El Zune original de 30 gigas sigue disponible, por 200 dólares. (No hay equivalentes Zune del pequeño iPod Shuffl e, el iPod Touch con su conectividad
inalámbrica o el espacioso iPod Classic de 160 gigas). Entre lo destacable está el nuevo
control. Puedes navegar el claro y animado software del Zune oprimiendo cualquiera de los cuatro puntos cardinales del control; seleccionar algo oprimiendo el centro, y —esto es lo interesante— recorrer listas con sólo frotar la cara del control. Los fabricantes de reproductores
llevan años tratando de inventar un control tan bueno como el del iPod; con el Zune 2.0, Microsoft por fi n lo ha logrado. La calidad de sonido es muy buena, especialmente si usas los audífonos incluidos con el Zune de 80 gigas. No son discos duros como los del iPod y los Zunes más pequeños; son bulbos de hule suave que se sujetan cómodamente en tus oídos, aislándote del mundo exterior. Al igual que con el anterior Zune, puedes enviar canciones de manera
inalámbrica a los Zunes de tus amigos. Pero las canciones transmitidas ya no se autodestruyen después de “tres días o tres tocadas”; el límite de tiempo ha sido eliminado. Tienes todo el tiempo que quieras para escucharlas tres veces. Además, Microsoft al fi n ha empezado a explotar su transmisor inalámbrico de maneras más útiles. El Zune no puede navegar por internet como el iPod Touch. Pero ahora puede sincronizar su música y fotos (aunque no videos) con los que tienes en tu PC con Windows, usando tu red inalámbrica casera. La sincronización automática puede no parecer gran cosa. Conectar un cable USB, el modo tradicional de sincronizar un reproductor, no es particularmente difícil. Lo genial es que puedes hacerlo
automático. Llegas a casa, pones el reproductor en su cargador y listo, la cosa de sincroniza a la vez que se recarga. La próxima vez que tomes tu Zune, estará recargado y lleno con tu música y podcasts más nuevos. Pero Microsoft no ha tenido tanto tiempo como Apple para crear una cultura de accesorios y otras cosas. Así que su reproductor, su software y su tienda de música no son rivales para los de Apple. Estas son algunas de las capacidades del iPod que el Zune no tiene: Juegos, reloj despertador, cronómetro, reloj mundial, ecualizador gráfico, libreta de notas, autosincronización de la agenda y directorio con los de la computadora, y el “Modo Disco”, que permite usar al iPod como un disco duro externo. Si usas las capacidades inalámbricas
del Zune, también tendrás menor vida de batería: 19 horas de reproducción en el Zune de 80 gigas contra 30 en el iPod equivalente. Y por encima de todo, te perderás del bazar de accesorios para iPod: Más de 3 mil estuches, bocinas, adaptadores para carro y similares, contra sólo un puñado para el Zune. A fi n de cuentas, el iPod sigue siendo una máquina más versátil, compacta y hermosa. Pero el Zune ha avanzado mucho en muy poco tiempo. Su audiencia potencial ya no se limita a quienes odian irracionalmente a Apple. Ahora es un candidato para cualquiera que valore sus capacidades únicas —excelente radio FM integrado, gabinete a prueba de raspones y sincronización automática inalámbrica— más de lo que valoran la riqueza y rango de elección del universo iPod.


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